El viaje a través de las acuarelas de Viví
Viktoria Kravchenko tiene claro desde hace tiempo lo que quiere hacer, o quizá no… A esta ucraniana afincada en Italia le gustan la fotografía en blanco y negro, el cine y la mitología japonesa. Todos la llaman Viví, así que por eso, y porque una de las cosas que sabe hacer en la vida es pintar el mundo con acuarelas, en las redes sociales es Viví Watercolours. Sin embargo, no estudia Bellas Artes, sino Arquitectura.
Obviamente, todo tiene que ver. Es tranquilizador para la gente poco (muy poco, más bien nada) habilidosa, como servidora, pensar que si Viktoria pinta paisajes urbanos con tanta sensibilidad y precisión es porque conoce al dedillo el armazón y las estructuras invisibles que se esconden debajo de cada pared de ladrillos, de cada cornisa de piedra y de cada dintel de madera. Aunque obviamente, el consuelo es poco, porque para manejar el pincel así, elegir los la paleta de color acertada, recrear las luces y la atmósfera de un lugar… Para eso hay que tener muchísimo talento. Como diría mi madre, para eso hay que servir.
Viktoria no es que sirva para lo de las acuarelas, a ella le sobra talento. Por eso, mientras se licencia como arquitecta en Milán, se dedica a ilustrar libros y otros proyectos en los que retrata distintos rincones del mundo. Desde Venecia a Lisboa, pasando por San Petersburgo o Hallstatt, un pequeño pueblo austriaco, pasea sus pinceles y sus cuadernos de dibujo capturando lo que ve.
Además de su prometedora carrera como arquitecta y sus maravillosas acuarelas, Viktoria habla cinco idiomas (con lo que a mí me cuesta sólo el inglés) y, para colmo, si te encuentras por ahí una foto suya, es hasta guapa «la jodía». Lo dicho, que conocer a Viví no es que te suba mucho la moral y la autoestima, pero sí que aporta un nombre más a tu lista de personas a las que admirar. Y, lo más importante, es maravilloso descubrir el mundo a través de sus aguas de colores.












